Natalia Montes: “Es necesario tener en cuenta las adaptaciones a las necesidades y características del paciente para realizar una intervención individualizada”


Fotografía Natalia Montes durante 5º Jornada de Neuropsicología Clínica

La Terapeuta Ocupacional, Natalia Montes, expuso el pasado 9 de enero en la 5º Jornada Interdisciplinaria de Neuropsicología Clínica acerca de “Intervención Neurocognitiva funcional en personas mayores en situación de vulnerabilidad”

Enero 21, 2020

La Terapeuta Ocupacional, Natalia Montes, expuso el pasado 9 de enero en la 5º Jornada Interdisciplinaria de Neuropsicología Clínica acerca de “Intervención Neurocognitiva funcional en personas mayores en situación de vulnerabilidad”

Al respecto, mostró el trabajo desarrollado en Playa Ancha (Valparaíso) con el Proyecto de inmovilizados – Macrozona 4, que partió en 2015 y que se basa en el proceso de intervención neurocognitiva a personas mayores.

Respecto del perfil de la población a la que este proyecto va destinado, destacó que “se refleja bastante cuál es la realidad nacional. Valparaíso es la región más envejecida de la nación. La población con la que trabajamos es una muestra bastante significativa de qué es lo que pasa con el envejecimiento a nivel nacional”.

Las personas a las que se dirige el proyecto tienen más de 60 años, con perfil demográfico sociodemográfico con características particulares y con un nivel educacional en el que la mayoría no presenta una educación formal. Además, la gran mayoría tiene inmovilidad, y nunca ha tenido rehabilitación.

Ante este contexto, Montes destacó que “es relativamente frecuente que después de los 60 años, las personas comiencen a dejar de trabajar, se jubilan, y tengan pérdidas importantes de familiares y amigos. “Estos hechos pueden traer como consecuencia un empobrecimiento ambiental que, indirectamente, acrecienten los déficit cognitivos y emocionales propios de la edad”.

Los factores asociados al deterioro cognitivo en personas mayores en Chile: Se lograron identificar 14 factores de riesgo para sospecha de deterioro cognitivo: edad, sexo, nivel de escolaridad, alimentación, inactividad física y malnutrición. Además, los factores de riesgo emergente son discapacidad, problemas auditivos y visuales, sedentarismo, y horas de sueño.

“En base a estos factores de riesgo, nosotros detectamos esta población, se pueden realizar las intervenciones a tiempo de forma de prevenir o retrasar lo máximo posible el deterioro cognitivo”, señaló.

Montes, desarrolló y explicó tres casos clínicos, con los que concluyó que, a la hora de realizar una intervención neurocognitiva, es necesario tener en cuenta las adaptaciones a las necesidades y características del paciente para realizar una intervención individualizada, así como tener las expectativas y objetivos claros y comunes para el paciente y su familia.

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