Lenguaje y lectura en cuarentena en 400 palabras: Oportunidades y desafíos del confinamiento para el desarrollo del lenguaje


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Es preciso buscar momentos de atención plena en que usemos el habla con nuestros niños y niñas en forma significativa, donde ellos puedan participar haciendo preguntas y comentarios, sintiendo que sus aportes son escuchados y bienvenido

Agosto 18, 2020

La investigación muestra con claridad que la cantidad de palabras que escuchan niños y niñas entre los 0 y los 5 años se asocia a sus habilidades de lenguaje futuras. Pero en las últimas décadas, otros aspectos del entorno lingüístico han mostrado ser tan o más relevantes que la cantidad de palabras. Por ejemplo, ante una cantidad de palabras similar, niños y niñas que toman turnos en una conversación individual con un adulto, exhibirán mejores habilidades de lenguaje que aquellos expuestos pasivamente a lenguaje en contextos grupales. Asimismo, el lenguaje usado para decir a los niños y niñas qué hacer tendrá menos impacto en su desarrollo que la misma cantidad de palabras usada para describir o compartir ideas.

Podría pensarse que en sus hogares niños y niñas tendrán más oportunidades para participar en este tipo de lenguaje que en la sala cuna y jardín infantil, donde la gran cantidad de infantes por adulto restringe la participación y promueve el uso del lenguaje para controlar la conducta. Sin embargo, el confinamiento obligado presenta situaciones de riesgo para un lenguaje estimulante. Aunque los adultos tendemos espontáneamente a hacer cosas que son buenas para el desarrollo lingüístico -hacemos pausas para dar a los infantes oportunidad de hablar, los miramos a los ojos, y cambiamos nuestra entonación para hacer comprensible nuestra habla- las circunstancias extremas pueden alterar rápidamente estas tendencias. Si estamos tratando de hacer muchas cosas a la vez o estamos preocupados, comenzamos a usar el lenguaje más para controlar la conducta que para conversar. En condiciones de hacinamiento, nos cuesta poner atención al habla de cada niño individual. Y en presencia de medios electrónicos, hay menos oportunidades para que los infantes tomen turnos y los adultos respondan a ellos. Así, si producto del confinamiento aumentan las preocupaciones económicas de los cuidadores, o estos deben dividir su atención entre múltiples tareas a la vez, o si aumenta el hacinamiento, las tendencias naturales que sostienen una adquisición eficiente del lenguaje se verán entorpecidas.

¿Cómo contrarrestar estos problemas? Es preciso buscar momentos de atención plena en que usemos el habla con nuestros niños y niñas en forma significativa, donde ellos puedan participar haciendo preguntas y comentarios, sintiendo que sus aportes son escuchados y bienvenidos; momentos en que usemos el lenguaje, no para dar órdenes e instrucciones, sino para hacer reminiscencias sobre el pasado, imaginar el futuro, explicar cómo funciona el mundo, o compartir nuestros intereses e ideas. Y si sentimos que esos momentos son demasiado breves, que las exigencias del confinamiento nos impiden dedicarle todo el tiempo que quisiéramos a conversar con nuestros niños, es importante recordar que la cantidad de palabras no lo es todo en la adquisición del lenguaje.

Katherine Strasser: Profesora Titular Escuela de Psicología UC


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